La crisis del papel higiénico en Venezuela


ENTRE ADOQUINES

La crisis del papel higiénico en Venezuela


En Venezuela, los consumidores llevan meses sufriendo de ocasionales carencias de ciertos productos en los mercados, pero es ahora cuando, a raíz de verse agravado el problema, las imágenes de ciudadanos haciendo cola para adquirir determinados bienes de primera necesidad o de desangelados estantes en los súper han recorrido el mundo. También, por supuesto, ha ayudado a la difusión internacional del desabastecimiento venezolano el curioso mensaje de un Nicolás Maduro superándose a sí mismo, anunciando que existe un oscuro complot puesto en marcha por la oposición que pretende soliviantar a la opinión pública a base de dejar a las familias sin, por ejemplo, papel higiénico.

Pero que no tiemble la revolución: Maduro ha anunciado su decisión de importar 50 millones de rollos de papel higiénico para, en sus propias palabras, “saturar el mercado local y repeler una supuesta campaña mediática que promueve una demanda excesiva del producto con el fin de crear malestar social”. Aún no se sabe dónde ni cuándo se llevará a efecto tan importante adquisición, de modo que es probable que las empresas fabricantes del preciado bien ya estén moviendo sus hilos para hacerse con el encargo.
“Que no hay papel higiénico: ¡tráigase!”, ha debido de exclamar rotundo el presidente venezolano, inspirado, quizás, por aquella otra teatral expresión que de vez en cuando pronunciaba su idolatrado predecesor en relación a alguna empresa o propiedad: “¡exprópiese!”. Difícil evitar acordarse de la Reina de Corazones del surrealista mundo que esperaba a Alicia detrás del espejo, aunque aquello era un cuento y las cabezas que mandaba cortar la paranoica monarca no rodaban de verdad. Puede que en Venezuela se despierten mañana con los estantes de los mercados llenos a rebosar de rollos de papel higiénico, pero la raíz del problema parece ser que en realidad empeora y el anuncio por parte del Gobierno de que esta misma semana llegarán también 760.000 toneladas de alimentos para paliar el desabastecimiento puede acabar siendo, nunca mejor dicho, “pan para hoy y hambre para mañana”.
Lo que ocurre es que siempre resulta más conveniente achacar todos los males a conspiraciones urdidas por los enemigos. En este caso, Maduro no mira en exclusiva a Capriles, sino que apunta también a determinados sectores empresariales e, incluso, a empresas en concreto como la mayor productora alimenticia local, Alimentos Polar, a la que acusa — cuidado con las cabezas — de esconder productos básicos para desestabilizar a su Gobierno. Desde la empresa, claro, niegan las acusaciones, y lo cierto es que cuesta creer que un empresario deje de vender, o lo que es igual, renuncie a ganar dinero dejándose llevar por algo distinto a la ley de la oferta y la demanda. La escasez, sin embargo, se mueve en otros parámetros diferentes y surge, precisamente, de que las industrias no están dispuestas a producir con pérdidas de antemano. En 2012, el régimen chavista limitó la entrega de divisas para importaciones que en Venezuela afectan a materias primas y, además, no ha corregido en los últimos 15 meses el precio de los alimentos con valor controlado, los cuales son necesarios para las industrias.
La conclusión es, según algunos empresarios del país, que, para no cerrar las plantas de producción, cientos de fábricas se han dedicado a importar porque han constatado que producir en Venezuela resulta alrededor de un 70% más caro que traer un producto terminado.
Al final, por supuesto, siempre terminan pagando los mismos, es decir, los ciudadanos. Aunque ahora se hable, sobre todo, del papel higiénico, del jabón o de los dentífricos, ya hay voces que alertan, dentro y fuera de Venezuela, de que el desabastecimiento tiene pinta de extenderse y agravarse. Denuncian, por ejemplo, que en el sector farmacéutico y cosmético la falta de divisas para importar algunos ingredientes de las fórmulas ya ha empezado a provocar escasez de ciertos productos y en el sector agropecuario, se quejan de que hay un retraso de 8 meses en la entrega de divisas que está afectando a la imperiosa necesidad de adquirir fertilizantes para poder mantener el ritmo de las siembras y las cosechas. La denuncia, a su vez, del presidente Maduro de que cualquier tipo de escasez tiene su origen en el enemigo simplemente supone retrasar la solución de un grave problema, pero ya sabemos que no hay rasgo más humano — sobre todo, más político — que negar primero la existencia de un problema y más tarde, cuando el mismo es evidente, achacarlo a las malas artes del contrario. En Venezuela y en todas partes.

Fuente:el Imparcial
 

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30 abril, 2013 por Julián Flores Garcia
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