Los yihadistas amenazan con «ataques repentinos» contra empresas extranjeras


El ataque a la planta de gas de In Amenasy el expeditivo intento de poner fin a la toma de rehenes por parte del Ejército ha sembrado muchas dudas en la escena internacional sobre la capacidad de las autoridades de Argel de defender su industria energética de la creciente amenaza terrorista. Solo en la planta atacada se produce el 18 por ciento de las exportaciones de gas del país magrebí.
Los hidrocarburos suponen el 95 por ciento de las exportaciones argelinas, pero muchos de los pozos, yacimientos y plantas de tratamiento de petróleo o gas se encuentran en medio de remotas zonas desérticas de este gigante de casi 2,5 millones de kilómetros cuadrados.
Los terroristas han avisado a los argelinos de que «se mantengan alejados de las instalaciones de las empresas extranjeras porque habrá ataques repentinos que nadie esperará», según la agencia mauritana ANI.
Un problema al que se añade la polémica suscitada por el expeditivo asalto lanzado por el Ejército contra los terroristas. «Los argelinos podrían tener un gran problema diplomático en sus manos, por no haber informado a los países cuyos nacionales están involucrados su intención de asaltar la planta, especialmente si el número de víctimas es alto», ha escrito en el «Financial Times» el analista Roula Khalaf.
Esa amenaza terrorista es perenne en el país, sobre todo desde la guerra civil de hace dos décadas, en las que pese a todo el flujo de crudo nunca se interrumpió. Los extremistas saben que el gas y el petróleo son la columna vertebral de Argelia. Aunque a menor escala, los radicales islámicos han golpeado con éxito desigual a las empresas de hidrocarburos y a sus trabajadores.

Inversiones en juego

British Petroleum (BP), que gestiona la planta de In Amenas como socio de la estatal Sonatrach, es el principal inversor extranjero en el país magrebí. «Para una empresa del tamaño de BP, que produce menos del 3 por ciento del petróleo y el gas de Argelia, no supondría una pérdida enorme tener que salir del país, pero sí sería catastrófico para la capacidad de Argelia de atraer inversores extranjeros», escribe el analista Tim Webb.
Sorprende el zarpazo del miércoles, el más importante asestado por Al Qaida del Magreb Islámico (AQMI), cuando el Ejército suele tener desplegadas tropas de manera permanente en las zonas petroleras, situadas en regiones desérticas por las que circulan células terroristas y grupos de bandidos. El Ejército también mantiene controles fijos de carretera y escolta los convoyes en los que se desplazan los empleados del gas y el crudo.
Pero AQMI sabe que impermeabilizar los 6.500 kilómetros de la frontera y dar una protección sin fisuras a los miles de trabajadores, locales o extranjeros, es prácticamente imposible en medio del desierto del Sahara. A veces ni siquiera son suficientes precauciones como mantener a los extranjeros en residencias como búnkeres levantados junto a sus lugares de trabajo.

España

España, que tiene a Cepsa y Repsol como las dos principales empresas destacadas en la zona, no ha visto por el momento afectado el flujo del gas que le llega de Argelia. La primera de estas empresas, que tiene sobre el terreno entre 30 y 40 expatriados, tiene uno de sus campos a apenas 250 kilómetros de In Amenas y, sobre la marcha, evacuó al centro del país a los trabajadores españoles. Italia sí informó el jueves de que el flujo de gas argelino que le llega es un 17 por ciento menor de lo habitual.
Rusia y Noruega son los principales abastecedores de gas de la Unión Europea, que tiene a Argelia como su tercer proveedor. La producción de gas afectada por el ataque terrorista, según datos de la agencia France Presse, equivale solo al 2 por ciento de las importaciones de la UE


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