UNA NECESIDAD PARA LOS CENTROS HOSPITALARIOS Las agresiones al personal sanitario dejaron hace tiempo de ser un hecho excepcional. La estadística disponible confirma que los golpes (sean físicos o morales) que reciben los profesionales que desempeñan su labor en este ámbito van a más. Los datos del último informe del Observatorio de Agresiones de


UNA NECESIDAD PARA LOS CENTROS HOSPITALARIOS

Las agresiones al personal sanitario dejaron hace tiempo de ser un hecho excepcional. La estadística disponible confirma que los golpes (sean físicos o morales) que reciben los profesionales que desempeñan su labor en este ámbito van a más. Los datos del último informe del Observatorio de Agresiones de la Organización Médica Colegial indican que los atentados contra la integridad de los facultativos aumentaron el año pasado un 9,2 por ciento en relación con 2010. En concreto, se registraron 496 casos, 45 más que en el periodo precedente. Y eso que estas cifras, elaboradas en base a los datos de los 52 colegios médicos del país, contienen solo los incidentes denunciados.

Ante tal escenario, la seguridad de los trabajadores se ha ido convirtiendo también en una de las mayores preocupaciones de los centros. Pero la importancia de la seguridad en los hospitales va mucho más allá de la protección de las personas. Su funcionamiento es crucial para el normal desarrollo de la sociedad, por lo que también han de estar resguardados contra amenazas de la envergadura de los incendios, atentados terroristas o desastres naturales. La Ley para la Protección de las Infraestructuras Críticas da muestra de ello al incluir la Sanidad entre los doce sectores que están bajo su ámbito de aplicación.

Sin embargo, son muy pocos los centros que se han dotado de una estructura de suficiente entidad para su protección. Concretamente, no llegan a 15 los hospitales públicos que han creado un departamento de Seguridad habilitado por el Ministerio del Interior, de los aproximadamente 180 que existen en España. Algunas de las competencias clave de la función de Seguridad se enfocan en muchos de ellos desde la prevención de los riesgos laborales, dejando dispersa entre otros servicios la atención al mantenimiento de los equipos de alerta, la inspección y vigilancia de las instalaciones o la implementación de medidas para salvaguardar la información.

En otros casos se ha creado un Servicio de Seguridad, que no llega a alcanzar la relevancia de una Dirección, ni para el propio hospital ni para las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, Bomberos o Protección Civil, con los que debe existir un interlocutor único que facilite una comunicación constante y fluida. Es preciso habilitar a una figura que centralice todas las competencias de seguridad y que tenga una visión conjunta de las necesidades de la organización. Hace falta un profesional con formación especializada, que esté capacitado para dirigir todos los recursos disponibles y resolver las incidencias.

La normativa de Seguridad Privada es la vía apropiada para que cambie la situación descrita. El Reglamento de desarrollo de la Ley que regula el sector deja campo abierto a la interpretación al señalar que un establecimiento estará obligado a contar con un jefe o director de Seguridad cuando lo disponga la Dirección General de la Policía o la Subdelegación del Gobierno “atendiendo al volumen de medios personales y materiales, tanto físicos como electrónicos, el sistema de seguridad de la entidad o establecimiento, así como la complejidad de su funcionamiento y el grado de concentración de riesgo”. Antes, señala la norma que existe la obligación de contratar a una de estas figuras profesionales “en los centros, establecimientos o inmuebles que cuenten con un servicio de seguridad integrado por 24 o más vigilantes de seguridad o guardas particulares del campo, y cuya duración prevista supere un año”.

Es necesaria una mayor concreción de la norma, que incida más en la exposición a los riesgos, además de en los aspectos organizativos. La reforma de la Ley de Seguridad Privada, sobre la que trabaja el Ministerio del Interior, debería contemplar la posibilidad de obligar a to
dos los hospitales a contar con una Dirección de Seguridad. Sería conveniente que la exigencia no tuviera excepción, ya que los incidentes se producen en todos los hospitales, con independencia de su tamaño, afluencia o recursos.

Sobre esta cuestión se hablará en las Jornadas Técnicas de Seguridad en Centros Sanitarios, organizada por el Observatorio de Seguridad Integral en Centros Hospitalarios (OSICH) y el Hospital San Agustín de Avilés (del 15 al 18 de mayo en dicha ciudad asturiana). Mientras, sirva el bloque especial que ha elaborado esta revista sobre dicha temática como un avance del debate.

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