Julian Flores Garcia Segurpricat

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Julian Flores Garcia Director Segurpricat

domingo, 22 de julio de 2012

Miguel Ángel Merino Thomas, director de seguridad Recientemente fue presentado en la Comisión


EL MODELO DE SEGURIDAD PRIVADA, A DEBATE

Miguel Ángel Merino Thomas, director de seguridad
Recientemente fue presentado en la Comisión Nacional de Coordinación de la Seguridad Privada un proyecto de Orden Ministerial por el que pretendía institucionalizar el 29 de septiembre como día del sector a nivel nacional. Si bien se consideró muy acertado ofrecer un reconocimiento a la contribución de nuestro colectivo a la seguridad de todos, la propuesta fue rechazada por la proximidad a esa fecha de otros días conmemorativos de diversos Cuerpos policiales.
Resulta doloroso que, pese a las crecientes alabanzas a nuestra profesionalidad y a los buenos propósitos de la Seguridad Pública para la integración de nuestros servicios, en la primera ocasión que se presenta se ponga de manifiesto nuestro escaso peso específico, nuestra incapacidad para asumir el protagonismo en un asunto tan propio como la implantación del Día de la Seguridad Privada.
Esto podría ser solo una anécdota, pero me temo que sea un indicador más de la existencia de un fallo estructural en nuestro modelo de seguridad, al menos en lo que se refiere al sector privado, tanto más grave en cuanto que estamos llamados a contribuir de forma importante a la Estrategia Nacional de Seguridad. Basta ver las responsabilidades asumidas tras la entrada en vigor de la reciente normativa de protección de infraestructuras críticas que, no me cabe ninguna duda, vendrá a marcar un punto de inflexión en el devenir de la seguridad privada.
¿Estamos preparados? ¿Garantizan las actuales medidas organizativas un modelo eficiente? Quizá resulte conveniente exponer algunas ideas y aportar nuevos enfoques a la visión de ese modelo. Ese es mi propósito y, convencido de que la seguridad somos todos, trataré de hacerlo con el mejor espíritu constructivo, reconociendo desde el primer momento lo mucho que hemos avanzado, con plena conciencia del ingente trabajo que la Administración viene desarrollando y resaltando la mentalidad abierta y altura de miras con que los responsables de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad se implican en este esfuerzo. 

Suma de seguridades
No hay duda de que el control de la Seguridad Privada corresponde al Ministerio del Interior. Ahora bien, la materialización de ese control en el plano administrativo lo vienen ejerciendo actualmente el Cuerpo Nacional de Policía, la Guardia Civil y las comunidades autónomas; lo que encaja perfectamente con el interés de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad en orden a obtener los mejores resultados para la seguridad global. Es evidente que las policías, tanto estatales como autonómicas y locales, podrían aprovechar mejor nuestro potencial desarrollando y potenciando mecanismos de colaboración, llevando al terreno de lo práctico la suma de lo público y lo privado.
Parece coherente pensar que en una materia tan importante para la sociedad como lo es la seguridad –y no hace falta que me remita a estadísticas sobre lo que piensan los españoles– es donde mejor deben aprovecharse la suma de las seguridades en beneficio de la seguridad global de la que son beneficiarios España y los españoles.
Pero tengo la sospecha de que el modelo actual de control pueda provocar algunas disfunciones. Sirva como ejemplo lo que hace unos días me comentaba un vigilante de seguridad, que no entendía por qué estando de servicio en una demarcación del Cuerpo Nacional de Policía, con el que estos profesionales mantienen su relación de trabajo habitual tanto administrativa como operativamente, tenía que realizar ejercicios de tiro bajo el control y supervisión de la Guardia Civil, con cuyo Cuerpo no tienen ningún tipo de relación, más allá del control de sus armas. Lo mismo cabría decir de otros servicios que se prestan en el ámbito funcional de Guardia Civil que son inspeccionados por el Cuerpo Nacional de Policía, como es el caso de los vigilantes de explosivos. Y estoy seguro de que todos tenemos muchos otros ejemplos.
¿Cómo podríamos mejorar? Pues bien, según el esquema del que hablo, teniendo la Seguridad Pública varios niveles de control ¿no sería mejor que la Secretaría de Estado de Seguridad ejerciera el control administrativo sobre la Seguridad Privada? Seguramente habría que modificar la Ley de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, así como realizar algunos cambios y ajustes adicionales. En el siguiente nivel, tanto el Cuerpo Nacional de Policía como la Guardia Civil mantendrían sus facultades en su ámbito de competencias y/o demarcación territorial.
Otros países de nuestro entorno no han adoptado el mismo modelo que nosotros en España; e incluso dentro de la realidad de nuestra nación también hay casos diferentes, como el adoptado por la Generalitat de Catalunya, en el que las facultades de control administrativo, autorizaciones y comunicación de servicios recaen en un departamento específico de la Consejería de Interior. La Policía de la Generalitat asume la ejecución de las inspecciones correspondientes y se aplica a la materialización de sus planes de colaboración con el objetivo claro de sumar.
Esto encajaría perfectamente con la Estrategia Nacional de Seguridad y las líneas maestras de la política de seguridad establecidas por el Gobierno de España, tendentes a unir seguridades. Parece lógico que su coordinación se unifique en un órgano, ¿y cuál mejor que el centro coordinador por excelencia que es la Secretaria de Estado de Seguridad? Desde aquí podrían autorizarse empresas, servicios, etc. , poniendo en común todo este conjunto de datos con todos los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, de manera que para la Policía y la Guardia Civil sería fácil integrar esos servicios en su demarcación y aprovechar esas sinergias, implicándose, cada uno en su ámbito, en la inspección y formación de empresas, personal y servicios.
Acercar la Seguridad Privada
Con el modelo actual corremos el riesgo de minimizar el potencial de nuestra Seguridad Privada haciéndola depender de un Cuerpo policial. Hoy, se ha superado la visión que imperaba muchos años atrás de que se trata solo de “vigilantes” y “empresas de seguridad”; por su propia dimensión, requiere atención directa al más alto nivel.
También se han quedado atrás otros conceptos. Ahora hablamos de integración, colaboración y no tanto de “control”. Hay que acercar la Seguridad Privada a todas las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. El esfuerzo es mutuo, como son recíprocos los beneficios. También decimos que las vías son la “formación, el control y la actuación conjunta en el plano operativo”.
Para darle otra perspectiva, recapitulemos y veamos el mapa de la seguridad privada remontándonos años atrás. En 1992, la Ley de Seguridad Privada estableció que haya vigilantes de seguridad, guardas particulares de campo, jefes de seguridad, detectives… Luego aparecen los directores y después algunas especialidades de los vigilantes, en concreto dos: escoltas y vigilantes de explosivos.
La figura del vigilante, como tal, tiene unas funciones muy generales según la normativa. Su especialización fue fruto de la necesidad de cubrir y desarrollar funciones tan específicas como la protección de personas y la vigilancia del transporte y consumo de explosivos.
No obstante, hoy en día, la Seguridad Privada realiza todo tipo de funciones de protección, y no parece lógico que se le requiera la misma cualificación al vigilante que desempeña su labor en una central nuclear que al que lo hace en una obra. Pese a que la formación de nuestros vigilantes va mejorando, se requiere una mayor especialización y la instrucción práctica en técnicas y procedimientos de intervención; parece necesario crear más figuras y más especialidades, exigiendo la capacitación adecuada para cada tipo de servicio. Insisto en que serán figuras nuevas o especialidades del vigilante, pero seguro que todos coincidimos en que deberán ser especialistas con la capacitación adecuada en cada caso.
Si dichas figuras van a actuar en el ámbito de un determinado Cuerpo policial, llegando a la actuación conjunta en determinados supuestos, sería muy positivo que estos últimos se involucraran en la formación e instrucción operativa de estos especialistas. Reitero lo dicho respecto a integración de las seguridades a través de la “formación, del control y de la operación conjunta” a la que me refería antes. Completamos el puzzle encajando todas las piezas en su sitio y momento oportunos, tal y como contempla la Estrategia Nacional de Seguridad. Estamos hablando de unir esfuerzos de seguridad.

Verdadera comunicación

Resumiendo los argumentos sobre los mecanismos que lo posibilitan, colocamos el control administrativo de la Seguridad Privada en la Secretaria de Estado de Seguridad y creamos el verdadero marco de colaboración e integración de los servicios en los respectivos ámbitos de actuación de los diferentes Cuerpos policiales.
El director de Seguridad también requiere de esa especialización, con más razón si cabe. No podemos considerar las necesidades cubiertas con cursos de 400 horas de formación. Bolonia nos ha abierto oportunidades de formarnos en lo generalista con el grado, y la especialización tiene que llevarse a cabo desde el postgrado. Siempre he pensado que el mercado es quien nos coloca en nuestro sitio y es evidente que exigirá cada vez mas formación y de mejor calidad a estos profesionales.
Por su parte, en materia de protección de infraestructuras críticas, la Administración exige un interlocutor, convenientemente formado, con la titulación como director de Seguridad. Es evidente que esta exigencia no ha hecho más que empezar y que las infraestructuras que dan soporte a los servicios esenciales requerirán profesionales cada vez más cualificados.
Hay más razones que justifican un debate sobre el modelo actual. Todos somos conscientes del extraordinario esfuerzo que viene desarrollando la Unidad Central de Seguridad Privada del Cuerpo Nacional de Policía para modernizar y agilizar el marco jurídico del sector; pero desde ella misma se nos transmite su incapacidad para ir más allá de algunos retoques –importantes, pero solo retoques– en la modernización del sistema. ¿Sería más fácil si la responsabilidad residiera en la propia Secretaría de Estado de Seguridad?
Tomemos el grave problema del intrusismo, que tan negativamente afecta no solo a la imagen del sector sino a la propia calidad de los servicios. ¿Es razonable renunciar a la capacidad inspectora y de control que la Guardia Civil podría llevar a cabo en su demarcación territorial? Más aún; recientemente hemos visto que el Ministerio del Interior publica una orden ministerial sobre determinados aspectos de los servicios de Seguridad Privada y cómo la Generalitat de Catalunya defendía su competencia para hacer prevalecer su norma sobre la del Estado. No entro a valorarlo, con independencia de que creo que hay mecanismos de resolución de conflictos de competencias; lo que me llama verdaderamente la atención es que no es el Ministerio del Interior ni la Secretaria de Estado los que intervienen en el debate, sino una Unidad de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Entiendo que estas son disfunciones provocadas por el modelo actual.
El que yo propongo permitiría una mayor coordinación, garantizada desde la Secretaría de Estado. Simplemente habría que buscar el mejor modo de integrar allí al conjunto de la Seguridad Privada, pero eso será motivo de posteriores reflexiones. Por el momento, y no es tarea menor, necesitamos reafirmar nuestra propia identidad, creer en nosotros mismos y ser conscientes de la importancia y trascendencia del papel que desarrollamos en beneficio de la sociedad.