LOS SISTEMAS DE SEGURIDAD, COMO LOS SERES VIVOS, TAMBIÉN MUEREN POR FALTA DE ALIMENTACIÓN


LOS SISTEMAS DE SEGURIDAD, COMO LOS SERES VIVOS, TAMBIÉN MUEREN POR FALTA DE ALIMENTACIÓN
Carlos Martínez / Director de Comunicación y Marketing de Niscayah

Hace ya un año que se publicaron las Órdenes Ministeriales 316 y 317, y siguen llenándose páginas acerca de su interpretación, tanto por parte de las empresas de seguridad, como de los usuarios y la propia Unidad Central de Seguridad Privada. Desde la perspectiva de los sistemas de seguridad, los aspectos relativos a la verificación de alarmas por las centrales receptoras, el análisis de riesgos y su documentación, así como el cumplimiento de grado de los equipos, son los asuntos más debatidos.
Sin embargo, detrás de las citadas Órdenes y como punto de apoyo están las normas UNE de la serie 50-130, de las que no se ha hablado tanto, aunque contienen importantes obligaciones a cumplir. Como muestra podemos tomar la UNE-EN 50130-1 “Sistemas de alarma. Sistemas de alarma contra intrusión y atraco. Parte 1: Requisitos del sistema”. En su punto nueve habla de las fuentes de alimentación, y fija para los sistemas de grado 3, entre otros aspectos, que en caso de fallo de la alimentación principal, la autonomía de la fuente de alimentación de emergencia –la batería– debe ser capaz de suministrar energía al sistema durante 60 horas; reduciéndolo a 30 horas en caso de estar conectado a una central de alarmas y transmitir la señal de fallo y otros parámetros funcionales de la alimentación principal. En el caso de los sistemas de grado 2, los tiempos son 12 y seis horas respectivamente.
No es posible garantizar el cumplimiento de estos requisitos sin hacer los cálculos adecuados y dotar a la central de control de una batería de capacidad suficiente. La realidad nos muestra que esto no siempre se realiza y la popular batería de 12V-7Ah impera en numerosas instalaciones.
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