El Director de Seguridad y el liderazgo político (I)


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El Director de Seguridad y el liderazgo político (I)




Más de once años llevo escribiendo una columna semanal en este portal de los profesionales de la seguridad. En ocasiones con motivo de acontecimientos especiales, como el atentando de la Torres Gemelas de 2001; la guerra de Irak; las masacres terroristas en España, Gran Bretaña, India, etc., han motivado que tuviera que hacerlo diariamente o cada dos o tres días, pero me he dado cuenta, con verdadera satisfacción personal y más si tenemos en cuenta que esta cita con los lectores es totalmente altruista, de las numerosas personas que la leen a lo largo y ancho del mundo en el idioma español. Creo haber recibido mensajes desde todas las naciones hispánicas, sugiriéndome, afirmando o disintiendo con lo que había expuesto. 
Cuando escribí, hace meses sobre el liderazgo del director de seguridad, creí que terminaría el tema con dos o tres artículos, pero la insistencia de algunos lectores, me obligan moralmente, a continuar con el tema, advirtiendo no ser experto en el mismo, sino simplemente el haberlo ejercido con mayor o menor éxito por espacio de cuarenta años.

De cuando en cuando he tratado el tema político, sin decantarme por ninguna opción ideológica, exponiendo claramente lo que pensaba en la seguridad política, con los dos partidos que han ostentado las responsabilidades de gobierno. He recibido varapalos por ello, como en 1991 con motivo de la guerra del Golfo en el que hacía referencia a la incierta postura española y citaba al general Luis Díaz Alegría sobre la “voluntad de vencer” (militarmente hablando) de la clase política, indicándoseme verbalmente que “mis opiniones no podían ser compartidas por el ministerio de Defensa”, lo cual me sorprendió, pero que acepté. Lo escrito iba en el texto de un libro que había remitido para su inclusión en el programa editorial y que por supuesto quedó inédito. He remitido otros para su publicación por la editorial de Defensa, pero siempre se me ha negado, sin conocer si es debido a aquella lejana apreciación.

Tras la columna del día 27 de febrero, he recibido algunos correos preguntándome por el “Liderazgo político” y la conveniencia de reflexionar algo sobre el mismo. En principio me he quedado un poco estupefacto, pero he pensado que desde hace décadas (escribo desde 1970) he procurado situarme en un “observatorio” desde donde observaba lo que ocurría a mi alrededor. Reconozco que mi referencia era don José Ortega y Gasset y con sus certeros artículos del “Espectador”, por lo que sin pensármelo más veces paso a escribir lo que pienso.

Dada que mi vocación es transmitir conocimientos a los profesionales de la seguridad, principalmente a los directores, y a los miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad y de las fuerzas armadas, es bueno que asuman algunos de los planteamientos de lo que considero debe ser un político.




Lo primero, fundamental y absolutamente imprescindible para ser un buen líder político, siendo aplicable a cualquier otro, aunque con preminencia a aquel, es que plantee de forma clara y concluyente cuál es su misión, exponiéndola a los ciudadanos en dos parte: finalidad a conseguir y cometidos que pretende llevar a efecto para alcanzarla.

En los medios hablados y escritos se oyen algunos políticos que expresan que su finalidad es “ganar las elecciones”, lo que demuestra con ello, no solamente su ausencia de liderazgo, sino completamente su desconocimiento de lo que debe ser un líder. Sería un contrasentido que si se le pregunta a un militar, a un policía o a un profesional de la seguridad cuál era su misión/finalidad, expresara sin más que lo suyo era “mandar”, cuando lo que normalmente dice, en el primer supuesto, “defender a la Patria” y para ello entre sus cometidos para hacerlo se encuentra “mandar”, “obedecer”, “conocer las prácticas castrenses”, etc.

En una ocasión oí a una político y no era en un mitin, que debía ser “humilde” y asumir como “servicio a los ciudadanos” su función.


En los períodos electorales y los mítines, cada personaje o personajillo que se sube al estrado y toma el micrófono se le llena la boca de cercanía sobre los demás, de “compañeros”, de “amigos”, de “estar permanentemente al servicio de todos”, etc., pero todo es un engaño, porque cuando asume su cargo, sea en la Administración o en el Partido, se vuelve inaccesible, siendo muy normal oír a sus antiguos compañeros de la carrera o del colegio: “se le ha subido el cargo a la cabeza”, añadiendo ¡Pero que se ha creído que es!, si era una mediocridad en la clase y un “desecho de tienta”?

Verdadero servicio a los demás y asumir su puesto con humildad, que no es solamente cercanía, sino mucho más, es “ser consciente de sus limitaciones con respecto a los conocimientos específicos que exige el puesto político que ocupa”, necesitando para ello del asesoramiento eficaz del “funcionario”, aunque desgraciadamente se ha politizado tanto la función pública, que cada cargo político va unido a otros “cargos de confianza o asesores técnicos”, como queriendo crear una burbuja para su asesoramiento y decisiones.


¿Qué otras cualidades debe tener un líder político? Con la promesa de desarrollar cada una de ellas es próximas columnas, simplemente las relaciono, esperando que algunos de los lectores, políticos o no, sugieran modificaciones y ampliaciones a la misma:

  1. Visión de futuro.
  2. Credibilidad.
  3. Capacidad de transmitir.
  4. Crear confianza a su alrededor.
  5. Claridad de juicio.
  6. Saber escuchar.
  7. Confianza en sí mismo.
  8. Honestidad.
  9. Delegación de funciones.

Jorge Luis Borges decía hablando de los políticos:

"No. En primer lugar no son hombres éticos; son hombres que han contraído el hábito de mentir, el hábito de sobornar, el hábito de sonreír todo el tiempo, el hábito de quedar bien con todo el mundo, el hábito de la popularidad.... y añadía La profesión de los políticos es mentir. El caso de un rey es distinto; un rey es alguien que recibe ese destino, y luego debe cumplirlo. Un político no; un político debe fingir todo el tiempo, debe sonreír, simular cortesía, debe someterse melancólicamente a los cócteles, a los actos oficiales, a las fechas patrias (1)."

¿Se puede ostentar la categoría de líder con los “mimbres” que les coloca el famoso ensayista?







(1)  Krause, Martín. La filosofía política de Jorge Luis Borges. La ilustración Libera. Revista española y americana. Nº 12.


Suplemento Temático: Los nuevos retos del Director de Seguridad


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