El Director de Seguridad y el liderazgo político (II)

El Director de Seguridad y el liderazgo político (II)





Terminaba la columna anterior con una cita de Jorge Luis Borges. Comienzo esta con otra del inolvidable humorista Groucho Marx: La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.

La verdad es que a lo largo de mi vida profesional, como Jefe de Estado Mayor en León y el Campo de Gibraltar, como coronel en Granada y Algeciras, como Presidente del Real Club Mediterráneo y actualmente como Director del Foro para la Paz en el Mediterráneo, he tenido contacto con muchos políticos de todas las tendencias, y puedo asegurar que la inmensa mayoría los he considerados personas honestas, dedicadas al servicio a los demás y volcadas en su profesión/vocación política, sacrificando constantemente a su familia. Vaya pues por delante mi reconocimiento a todos ellos.

A los políticos se les ha “colgado un sambenito” por culpa de unos cuantos desaprensivos, al igual que ha ocurrido con otras profesiones públicas como jueces y magistrados, militares, eclesiásticos, etc.

Al político se le aprecia en las “distancias cortas”, difuminándose su función de apoyo a la ciudadanía cuando se sitúa en la órbita del partido, de tal manera que este ente ideológico parece que tiene vida y que su misión es pervivir por sí mismo en vez de hacerlo por la colectividad y por el bien de la nación.

Me han enviado un artículo del general del ejército del Aire José Antonio Fernández Demaría, desgraciadamente al ser un envío a través de correo electrónico, no consta la fuente, habiendo sido publicado el 5 del presente mes de marzo y cuyo título es “Liderazgo y pensamiento estratégico”. El general trata el asunto desde el punto de vista militar pero presentando dos facetas, una la visión de futuro (estrategia) y otra la credibilidad (presentar el futuro de forma veraz), pues bien esta apreciación coincide plenamente con las dos primeras cualidades que relacionábamos como ideales para un político: “visión de futuro” y “credibilidad”.
El político debe disponer de mente prospectiva, debe de diseñar un escenario futuro con los elementos y la información que dispone, presentándosele en su pensamientos dos futuros, uno el “futurible” o futuro posible siempre que se den unas condiciones que generalmente se van dar, y otro el “futurido o futurable” o futuro deseado, de tal forma que debe crear unas herramientas sociales, económicas y políticas que modifiquen las condiciones que lleva a la colectividad al futurible para que se acceda al futurido.
Tal vez parezca complicado, pero no lo es tanto y actualmente vivimos una situación económica y social precisamente porque no se ha tenido en cuenta estos dos conceptos. Desde el año 2007, incluso anteriormente, se vislumbraba un futuro oscuro: el que actualmente  tenemos, es decir era un “futurible” y no había que ser un lince para conocerlo, de hecho el 24 de enero de 2008 publiqué una columna titulada “La estanflación: inseguridad económica y social”, terminando con la pregunta de ¿porqué no se daban cuenta los gobernantes de lo que ocurría?, argumentando además que otras naciones ya estaban introduciendo las medidas correctoras necesarias para transformar el “futurible” en “futurido”. No hay que echar leña al fuego sobre el pasado reciente, la Historia se encargará de ello.
La inexistencia de la más principal cualidad del líder político de “visión de futuro” puede llevar al desastre de una colectividad, como así ha pasado.
El general Demaría colocaba la “credibilidad” como principio del pensamiento estratégico, la realidad es que van unidos porque el futuro debe exponerse con la verdad por delante, nunca se debe obviar por dura que sea. Winston Churchill hablaba a sus conciudadanos con “sangre, sudor y lágrimas”, pero al mismo tiempo presentaba que junto a ella estaría la victoria final, con una Europa democrática (futurido). No puedo dejar de hacer mención a los “brotes verdes” como manifestación de la falta de credibilidad y a la postre el descrédito que cayó sobre la clase política.
Visión de futuro más credibilidad, ecuación que da como resultado el pensamiento estratégico, que no es solamente cualidad que debe poseer el líder político, sino cualquiera que quiera preciarse como tal.
Competir por el futuro, compendio de todo lo anterior. Gary Hamel y C.K. Prahalad en su obra “Compitiendo por el futuro” hablaban de la forma de alcanzar ese futuro deseado (futurido), decantándose por la regeneración de la empresa y el sector, que traducido al político es la transformación de las instituciones para que puedan afrontar los retos del futuro.
Hace años impartía unas clases en el Máster Ejecutivo en Dirección de Seguridad Global sobre “Inteligencia y Contrainteligencia” y recomendaba a mis alumnos la lectura, tanto del libro anterior, como “Pensamiento estratégico” de Cornelis A. de Kluyer (Prentice Hall. Buenos Aires, 2001); “La guía Financial Times de estrategia” de Richard Koch, de la misma editorial y año que el anterior; y “El proceso estratégico”, cuyo autor más conocido es Henry Mintzberg, de la misma editorial y publicado en Madrid en 1998, valga pues para los lectores este mismo ruego.
El emprendedor vislumbra un “nicho de mercado” en su futuro próximo. El empresario de éxito visualiza el futuro de su sector y llega el primero. En definitiva el líder, sea el que sea, debe tener visión prospectiva y modificar determinados parámetros para alcanzar el futuro deseado. El político que no piense de esa forma que se dedique a otro menester.



Suplemento Temático: Los nuevos retos del Director de Seguridad

FUENTE BELT.ES

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