Antonio Ávila Chuliá En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante, y detrás del velo de cada noche viene una aurora sonriente.” –Khalil Gibran –


UN HASTA SIEMPRE PARA ‘SEGURITECNIA’
Antonio Ávila Chuliá
En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante, y detrás del velo de cada noche viene una aurora sonriente.”
–Khalil Gibran –
Vagaba por la huerta pensando en cuan insensato es el hombre que deja transcurrir el tiempo estérilmente, sin olvidar que es el mejor autor, el tiempo, pues siempre encuentra un final perfecto. Valencia se inunda de color, la fragancia de los naranjos estalla sin compasión, se propaga, dispersa; divulga a los no avisados que, a partir de este momento, las flores mostrarán sus mejores galas, el verde gradual e imparable se funde, el sol comienza a sisar, cada día, unos minutos a la noche, la luz se dilata orgullosa… Con los años revivimos el pasado, prosigo mi deambular, abril ¡cuántas remembranzas! Este año nos tutela la luna, la cual sigue con atención los pasos de la Semana Santa Marinera, dolor, oscuridad, noche, pasión y muerte. El domingo, tras la Pascua, luna llena, seguridad, certeza; para cuantos nos sentimos cristianos, resurrección, reaparición, vida…
En multitud de pueblos españoles, sobre las raídas calzadas, han quedado impresas en cera las huellas del sentimiento, gotas, regueros de devoción que señalan el paso de los fieles que han procesionado. Pronto desaparecerán esas marcas a la espera del próximo año; como suele decirse, Pascua y Navidad se esperan con alegría y pasan como cualquier otro día, así son los pasos de la vida, casi todo proviene de casi nada.
Quizás porque estoy en un momento de la vida muy receptivo, he vivido con fervor la Semana de Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, emocionado en el encuentro de los Cristos del Salvador, imagen románica de 1250 que apareció flotando en las aguas del Turia, y el Cristo del Salvador y del Amparo, en mi playa, despuntando el día, sol tímido en la lontananza, mar quieto, prudente, ligera brisa temblona y respetuosa veneración a la santa imagen, devoción milenaria de los pescadores del Cabañal como homenaje a las víctimas del mar. Esta vez insomne, emocionado, he asistido junto a mis hijos Tony y Vicente, y reencontrado a mi hermano Pepe. ¡Cuántas gracias doy a diario por lo recibido! Solo un exceso es recomendable en el mundo: el exceso de gratitud.
He dedicado como empresario una vida, mi vida, al sector de las seguridades, al que tanto quiero y debo. Son muchas primaveras, cuantiosas Semanas Santas, aunque en honor a la verdad esta ha sido especial, profunda, sufrida, angustiosa a veces, hasta tomar una decisión importante y meditada, en atención a mi familia, sin la cual nada tiene sentido para mí. No es el tiempo el que pasa, pasamos nosotros… Mi tiempo queda en el espacio de mis recuerdos; por ello, con un nudo en la garganta, digo que dejo de ser cabeza visible de la industria de seguridad Chillida Sistemas de Seguridad, S.L., autorizada por la Dirección General de la Policía con el número cinco, en agosto de 1974, que ha sido vendida.
Muchas veces he insistido en que la alegría está en la lucha, en el esfuerzo, en el sufrimiento que supone la disputa y no la victoria misma. Desde hace tiempo he apremiado a quien quiso escucharme para efectuar concentraciones en el sector de la industria Chillida; por ello compramos Siemens Buiding Tecnologies, para poseer el tamaño necesario. No fue suficiente, las turbulencias económicas a las que nos enfrentamos todos los sectores en la actualidad han pesado sobre el fiel de la balanza y, tras analizar el futuro próximo que nos aguarda, pensando en salvar empleos, continuar con la esmerada atención a nuestros clientes, la familia Chillida decidió la liquidación de la empresa tras valorar su derecho por su deber, por aprecio personal a nuestros clientes, por la confianza demostrada, por las enseñanzas recibidas en el buen hacer; por ello, y porque jamás hemos defraudado a nadie, quiero dar las gracias y pedir perdón si en cualquier momento pude ofender a alguien. Sé que quién nada se perdona a sí mismo merece que se lo perdonemos todo, gracias. Un amigo cercano me decía que cuando se pierde algo que quieres debes aprender a superar el duelo para tratar de recordar desde la alegría.
Las ideas mueven el mundo, pero no antes de transformarse en sentimientos. Los míos en estos momentos están encontrados. Confieso que para mí la vida por el sector se borrará cuan regueros de cera vertidos en la calzada, pero me queda la satisfacción de haber luchado junto a mis hijos con fe, trabajando sin límite. Pues bien, nuestro deseo sería que la pequeña historia nos retenga como una empresa familiar continuamente resuelta a complacer a nuestros clientes en el quehacer diario e íntegra dedicación, porque ellos son a fin de cuentas nuestra razón de ser y estar, sin olvidar que el éxito no da ni quita la razón a las cosas.
Pienso que la ilusión es tan útil como la certeza y no me cabe duda de que ahora toca dejar las emociones a un lado y pasar a la acción, dado que la actividad es indispensable al bienestar. Lo importante es mudar el rumbo, porque el que no varía la dirección ya sabe dónde va.
Después de la palabra, el silencio es el segundo poder del mundo. A partir de ahora, allí me encontraréis... Un afectuoso abrazo, ¡hasta siempre!

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